Maria Elena Rodriguez - La Rosa 

Critica

Los Ángeles son uno de los temas más recurrentes e inquietantes del arte universal. Mensajeros del cielo, son entidades puramente espirituales. Según la tradición religiosa Dios los usa para llevar sus órdenes y manifestar su voluntad en misiones especíales: el ángel de la guarda, el ángel anunciador, el ángel exterminador, el ángel mensajeo, el ángel del amor, entre otros.

María Elena Rodríguez La Rosa ha tomado el tema de los Ángeles para responder a sus necesitades formales y conceptuales cuyo planteamiento estaba ya implícito en su obra inmediatamente anterior. En la constante depuración de su lenguaje plástico, en el proceso de síntesis constante hasta llegar a la afilada expresión última, Malena va construyendo las estruturas sobre las que organiza su obra.

Cada obra de esta escultora desarrolla, en efecto, un espacio que le es propio a partir precisamente de los Ángeles alargados, de rebordes pulidos donde se nota una deformación expresiva de la realidad, deformación que le permite expresar la misteriosa presencia de esa misma realidad como una concreción singular donde el poder de afirmación nos hace olvidar los efectos del detalle, la belleza artesanal del bronce o del acrílico para llevarnos con más seguridad a lo esencial, a las premisas rítmicas que fijan la situación de la escultura y determinan su condición.

Malena ha sabido evitar el escollo del estilismo artesanal y sus excesos; su obra ascética y voluntaria se inscribe en el espacio ambierte, huyendo del efecto tiende a lo esencial, se aferra a él. Esta escultora sabe dominar la materia trascendiéndola, sin dejar de exaltar los elementos específicos.

Su diálogo con la materia, nunca fortuito, está siempre preparado por una serie de dibujos y una lenta elaboración a partir de un primer arranque en un bloque de arcilla materia demasiado flexible para valorizar el gesto puro. El gesto parece pues tomar sus verdadera consistencia en el segundo estado de elaboración de la obra, en el momento del acabado, es entonces cuando el trabajo de la mano hace brotar la luz que no enjendra ningún contraste violento con las sombras. Una luz que ha asimilado los grises y los tonos bajos mucho más que los reflejos vivos.

Estos Ángeles sentados, arrodillados, parados, muestran superficies rugosas en contraste con los pulidos y las masas hacen más claras las sombras gracias a un equilibrio rítmico precisio alcanzando un grado de expresividad dinámica donde las cavidades constructibles se dilatan en el espacio, pierde el sentido de su contorno en el impulso de las masas.

La coherencia de su producción y los valores de sus actuales planteamientos aseguran posibilidades por venir, de escudriñar y disfrutar una expresión visual sincera y sensitiva.

Jorge Bernuy
Crítico de Arte
Lima - Perú
1996

   

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